UNA ROSA Y UN RELATO PARA EL DÍA DEL LIBRO 2020

Mi aportación en este día tan especial para muchos es, junto a una rosa virtual, un relato breve. Se titula UN RAYO DE ESPERANZA, porque habla de fortaleza ante la soledad y el aislamiento.
Espero que disfrutéis con su lectura.
¡Feliz
Día del Libro! ¡Feliz Sant Jordi!
UN RAYO DE ESPERANZA
Aquel
rayo de sol que se filtraba por la pequeña rendija del cerrado ventanuco era la
única cosa viva, aparte de su carcelero, que le había acompañaba durante sus largos días de cautiverio.
Él
le calentaba cuando hacía frío, iluminaba su oscura mazmorra, le alentaba con
su brillante presencia…, le mantenía anchado al presente en todo momento, haciéndole
saber del transcurrir de las horas y los días.
Anhelaba
su fiel comparecencia cada mañana, recibir su suave caricia, tan dulce como los
dedos de una mujer, unas veces intensa y otras apenas un leve aleteo, según el
vigor que mostrara. Era su leal compañero durante el día y, cuando la tarde
comenzaba a caer, se despedía con un silencioso hasta mañana.
Él
evitó que se volviese loco en la soledad de aquel inmundo agujero y que sus
ojos languidecieran en la oscuridad casi absoluta, alumbrando sus largas
jornadas sumidas en la inapetencia y la melancolía, en la rabia y la
frustración.
Era
un acompañante ameno y sorprendente. Se movía incansable por el pequeño espacio
incitándole a perseguirlo. Le encantaba jugar con las brillantes motas de polvo atrapadas en su haz
de luz, siempre revoltosas y esquivas, empeñadas en sustraerse de su efímero
abrazo; soberbio espectáculo que él contemplaba extasiado con su belleza.
Oyente
atento y paciente de sus monólogos esperanzados, de sus confidencias a media
voz, de sus gritos desesperados. Ambos se revelaban sus respectivos estados de
ánimo, uno con palabras surgidas directamente del corazón y el otro con la
intensidad de su fulgor: animado cuando irradiaba esplendoroso, decaído cuando
era obstaculizado por las nubes y apenas le dejaban lucir.
El
día de su liberación, cuando por fin pudo abandonar aquella inhóspita prisión,
no quiso hacerlo sin despedirse de él.
-Gracias
por tu compañía en estas horas tan tristes, mi buen amigo. Sin ti no habría
sobrevivido.
El
rayo de sol lo abrazó, envolviéndolo con su calor, y a él se le humedecieron
los ojos de gratitud.
Los
policías se miraron asombrados al escuchar sus palabras. No había nadie más en
esa ratonera, sólo un pequeño rayo de
sol que se colaba furtivamente en ella. Sin duda, el pobre hombre había enloquecido
durante aquellos tres largos meses en los que sus secuestradores lo habían
retenido.
©
Amber Lake
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